Acción y Contraespectaculación Infrateatral

La construcción hegemónica de la noción de realidad a través de los mecanismos virales de la peste concreta funda las bases de lo que sería el espectáculo tal y como lo conocemos:
Un perverso complot que determina la separación entre los individuos que intervienen la obra-producto y los individuos que contemplan su proceso para saborear el resultado de esta fabricación.
El prolífero, pero inestable desarrollo de la industria cultural en el nuevo eje de posmodernidad euronorteamericana vuelca sus esfuerzos en conseguir una definitiva segmentación disciplinaria, fomentando el principio de no intervención en lo que hasta ahora conocíamos como espacio público. A través de la evangelización de las mecánicas de dominio, cada cliente espectador es aislado y contaminado en la aparente independencia del juicio estético-moral de su butaca.
La construcción de una acción que evite el vicio de la dependencia hacia el receptor y que confunda deliberadamente las funciones de cada personaje en cualquier esquema de comunicación nos puede acercar cada vez más a la utopía de la autonomía gratuita, un espacio de ceremonia destinado a la liberación y al funeral de la noción de realidad en la sociedad competitiva.